domingo, 7 de junio de 2020

La flor del clavero. "El conejo cae en la trampa"


El conejo cae en la trampa




El Capitán había elaborado un plan que entendía que podía resultar y que finalmente atraparían al asesino. Dio a entender que ya conocían quien era el descuartizador y que al siguiente día lo atraparían. Las sospecha estaban en que el escondiste de este estaba en las afueras y que este sabiéndose descubierto se dirigiría a este lugar y allí podían obtener las suficientes pruebas a probar su culpabilidad. Es por ello que se dio órdenes estrictas de vigilancia durante toda la noche, el mismo se iba a mantener pendiente. Estaba seguro de que esa noche toda acabaría de aclararse.



Ese mismo día había llegado el informe de la Necrocia. Este vino a confirmar las sospechas del capitán, mas habían llegado también resultados de investigaciones que había solicitado. Estaba emparejando todos los elementos. Cada cosa en su lugar. Estaba poniendo en práctica todo lo que había aprendido sobre investigación criminal. Habían dos elementos que llamaban la atención de manera especial: Uno era el clavo en la mano izquierda de todas las víctimas. Según había investigado sobre que podía esto significar, sus conclusiones eran que esto tenía que ver con algo religioso. Según había pensado, a cristo lo matan clavándolo en la cruz. Investigo lo que podía significar el clavo:


 Los Reyes de España veneraban el día de Viernes Santo el clavo que se guardaba en la Capilla Real de Madrid y que se consideraba procedente de los que se utilizaron para la crucifixión de Cristo. Ese día, los Reyes concedían el indulto de los reos de muerte, uno por cada Audiencia Territorial.

Piaculum significa sacrificio expiatorio en honor a una divinidad que había sido ofendida por irregularidades cometidas en los sacrificios anteriores o bien para aplacar su cólera manifestada por prodigios y sin causa aparentemente conocida.

El término piaculum (que no es igual que lustratio), ha guardado siempre en la lengua latina un doble sentido, significando a la vez falta cometida y la propia expiación de ésta. En la antigua Roma, todas las ceremonias, especialmente las religiosas, estaban plagadas de detalles que había que realizar con una precisión impecable. Bastaba un olvido insignificante, un ligero error en la práctica del ritual para que hubiese piaculum. Una palabra mal pronunciada, una ofrenda mal colocada, una libación mal extendida o un instrumento cambiado de posición, eran otros tantos piacula. Estos piacula eran especialmente graves y numerosos en los ritos funerarios y en el culto a los dioses.

Algunos sacrificios afectos de piacula debían repetirse una y otra vez hasta treinta veces, hasta lograr la perfección absoluta. Lo más frecuente es que el acto expiatorio consistiese en un sacrificio siendo la víctima un animal. Ciertos sacrificios tenían un caracter general, como por ejemplo la porca praecidaneae que cada año se ofrecía a Ceres antes de conseguir los frutos nuevos; y estaba destinada a expiar los errores del ritual funerario que hubiesen podido ser cometidos desde la precedente recolección.

Había incluso piacula preventivos en el sacrificio de las víctimas llamadas praecidaneae que se inmolaba la víspera de los saceificios solemnes. La expiación no era admitida cuando la falta había sido cometida o la violación perpetrada voluntariamente.”

Según estos datos el colocar ese clavo significaba buscar purificar a la persona de los males que había hecho. Castigo y limpieza. Un significado parecido a lo que encontraron en sus vaginas. Varias pequeñas hojas de clavero con una flor:

“Flores regulares de cinco pétalos y numerosos estambres, y el rudimento del fruto que se sitúa debajo de la flor y no en su seno; de manera que cuando aquél llega a su plena madurez, el cáliz -que suele persistir- lo corona. Los pétalos plegados con los estambres dentro forman la cabeza del clavo.”



Tal parece que el asesino quería castigar y luego purificar los restos y si a eso le agregamos  el historial de las chicas asesinadas, todo va encajando. Las chicas estaban desacreditadas ante la opinión pública. No habían tenido suerte en su vida y eso las malas lenguas no lo perdonan. Hablaban mal de ellas, especialmente las puritanas de la iglesia.






Alrededor de la iglesia se movía el asesino, es por esto que todos los que acostumbran a visitar el templo fueran interrogados. Lo último que faltaba era buscar la procedencia de la flor del clavero y ya tenía la información, esto catapulto sus sospecha y es por ello que ya tenía la idea de quién era el asesino y además el motivo. Con la trampa que había ideado, este caería en el anzuelo.

El investigador se aposto próximo al lugar que la última vez vio al sospechoso a eso de la medianoche. Ya eran la 1:40 de la madrugada cuando observo una silueta en la oscuridad de la noche moverse por el follaje. Al detective le brillaron los ojos muy parecidos al de las panteras cuando están de cacería, vio que sus sospechas eran fundadas. Todo estaba saliendo según sus planes. 





Siguió al individuo buscando no despertar sospecha, necesitaba saber dónde estaba su escondite. Siguieron el curso del rio, pasando por una hondonada. En la proximidad de un enorme árbol doblo a la derecha. No había camino por allí, pero se notaba que ya se había caminado por ahí. Era muy difícil la persecución sin hacer ruido. El elemento apuro el paso, tal parece que se dio cuenta que le perseguían y repentinamente se esfumó en la vegetación y la oscuridad.




El criminal entro a la cabaña donde estaban las chicas secuestradas. Tanto Alicia como Cristina se exaltaron al escuchar el ímpetu con que se abrió esa puerta, se imaginaban que algo grave pasaba. Alicia escuchaba mucho ruido, luego de la entrada del que se supone era el criminal quien había entrado. Luego de un rato, efectivamente era este quien andaba por ahí, su corazón se aceleró mucho. La puerta del cuartucho donde estaba se abrió de golpe y el homicida entro con su capucho arrastrando a una mujer. A esta si conocía, eran amigas cercanas, Cristina. Sus ojos se desorbitaron, le haría lo mismo que a la otra.

Subió a Cristina a la mesa con dificultad porque la chica no se dejaba, a pesar de todo el elemento parecía que tenía que esforzarse mucho para lograr su objetivo, la amarro a la mesa y así logro aquietarla. Y estaba lista para el sacrificio. Alicia, solo pensaba que podía hacer para evitarlo y más que sospechaba que ella sería la otra. El elemento entro a otro cuarto y de allí vino con sus armas, el enorme cuchillo de carnicero y el hacha. No cabía duda de lo que pasaría. Antes de iniciar su ritual se quedó mirando a Alicia con ojos feroz; pero continuo hacia Cristina al poco rato. La tomo de los cabellos y acerco el cuchillo hacia su cuello. Cuando ya la iba a matar, en eso se escuchó un enorme ruido. Alguien había tumbado la puerta y penetrado al lugar.



El criminal que en un primer momento se perturbo, cuando reacciono levanto el cuchillo para matar a la chica y en ese momento se escuchó una detonación..



En el pueblo se escucharon disparo, todo mundo se despertó, se escuchaban un poco lejanos. Las autoridades estaban en la calle. Habían pasado unos treinta minutos desde las detonaciones, hasta ahora nadie sabía nada. De repente alguien venia corriendo gritando que ya lo tenían, que venían por detrás de la iglesia, todo el pueblo se agolpo hacia la Iglesia, todos querían saber de quien se trataba.

Cuando las personas llegaron hasta allí, pudieron ver a las dos chicas, estaban vivas, todos las rodeaban, las personas hablaban todas al mismo tiempo. Querían saber los detalles. Más atrás traían un cuerpo subido en un burro y cubierto por una manta. La gente seguía preguntando que de quien se trataba hasta que lo dejaron caer al suelo. El Capitán se acercó y le quito la manta. Todos estaban sorprendidos. Estaban incrédulos. Se preguntaban que como podía ser. Nadie había sospechado de Patricio de la Fuensanta Ibáñez, el dueño del Murcia. 




Las personas pedían explicación, que paso aquí?. El investigador pidió calma y silencio, quería aclarar algunas interrogantes. Este señor siempre fue su sospechoso, por eso había ido en varias ocasiones al Murcia, donde precisamente se topó con el amor de su vida, Cristina. Había previamente investigado las personas del pueblo. Con relación al Don Patricio se llegó a enterrar de su fanatismo por la religión y sus críticas hacia las jóvenes que eran difamados. En las tertulias que sostenían en la iglesia siempre se expresaba muy mal de esas jóvenes como pecadoras. No quería saber de estas. Hizo investigación de la flor y la hoja que se habían encontrado en las vaginas de las chicas asesinadas a partir de ahí, solo espero las investigaciones de la Necrocia. Comenzó a investigar sobre las compras del Murcia y se enteró de que cada mes recibía cajas de comida de España y entre la lista de alimentos había encontrado el envío de La flor del clavero con su fruto y en grandes cantidades, se suponía que eran para la preparación de los alimentos del restaurant, pero nadie más traía eso al pueblo. Eso le hizo llegar a la conclusión de quien podía ser el asesino: Don Patricio de la Fuensanta Ibáñez. 



Humberto Guerrero Reyes

                                      

Fin