viernes, 22 de mayo de 2020

La flor del clavero. "Un criminal en el grupo"


“Las autoridades. Un criminal en el grupo”




En el Hatico había varios negocios; aunque no era un pueblo muy grande, pero tenía buena ganadería y buena agricultura. Vendían al por mayor y por eso desde la capital, principalmente, venían con sus camiones a comprar muchas mercancías. Había un hotel principal, considerado el mejor del pueblo, Hotel “La Perla del Sur”. Su dueño era Víctor de Jesús Almonte, oriundo del lugar. Sus padres trabajaron la ganadería por años y lograron mandarlo a los Estados Unidos. Dicen que este señor se involucró en asuntos ilegales y tuvo que venir para que no lo mataran. Víctor estuvo en muchos negocios mafiosos y todos lo sabían, es por ello que algunos miraron hacia este cuando se mencionó la palabra “sospechoso”. Víctor era un hombre robusto. Estatura mediana. Una gran nariz y boca grande. El no ser una persona alta y al ser corpulenta se veía más pequeño de lo que realmente era. Su vida sedentaria de los últimos años le provocó que su abdomen se inflara más de lo debido. Tenía las manos grandes y ásperas. Los ojos saltones que al mirarte profundamente daban miedo, conociendo su historial más.







Del dueño del hotel no había quejas hasta ahora. Trataba de manejarse sin escandalizar. Tenía fama de mujeriego, ya que era buen partido y más en una zona donde había tantas personas pobres. Muchas muchachas tenían la esperanza de ser escogida por el caballero.




Ramona Vicenta Núñez viuda del Orbe. Gerente del principal banco. Una mujer regia. Ya estaba pasado meridiano, blanca como el papel. Pero rizado y negro. Se le veían Tanto que le consumía el rostro. Había enviudado dos veces, quedando con buena fortuna. El dinero le había traído paz económica, pero no así espiritual. Se sentía sola y había encontrado refugio con una gran amistad que había iniciado hace años con el párroco. No salía de la iglesia, buscando a Dios, según ella. Todos decían que era actualizando cada día al sacerdote de los chismes que sonaban en el medio. Pero que no decía sobre las visitas ocultas que le hacía Don Ignacio Ortiz, el dueño de la ferretería y quien también era viudo.






Doña Ramona era la madre de Ángel David Núñez. Un chico que andaba rondando los 30 años de edad, soltero y muy mujeriego. Se dice que había tenido algún tipo de relación amorosa con dos de las victimas del asesino en serie. El  joven era problemático y se había encontrado en muchísimos problemas de faldas. A raíz de todos esos problemas, la señora andaba con el joven a rastro donde quiera que fuera. La iglesia era un lugar a donde los principales personajes de la comunidad no faltaban. Hacían vida religiosa aunque no cumplieran con los preceptos  religiosos nunca. Todos incursionaban en el mundo de la política también. Veían la política como algo empresarial que tenían que invertir

Todos los mencionados estaban en el lugar de la reunión adjunto a muchos otros ciudadanos prominentes de la comunidad cuando surgió el comentario del detective. Las sospechas entre ellos eran parte de los comentarios de todos. Había muchas personas que tenían colas que pisarle y por ello se hacían sospechoso de lo que está pasando.




Las declaraciones del detective crearon  sorpresas en unos, disgustos en otros, indignación en algunos. Estos últimos exigían que el Capitán aclarara sus palabras, Que mencionara a quien se refería. Pero este dijo que no, alego que eso entorpecería las investigaciones. Las personas allí se pusieron de pie y salieron sintiéndose ofendido. El Alcalde, el párroco y algunos más se quedaron otro momento junto al investigador. Este refirió que habían encontrado un cuerpo más. Este era mucho más antiguo. Estaba en una zona mucho más alejada en el monte. Tenía todas las características de los demás. Decía que el asesino era un elemento cruel. Le gustaba la sangre. Según refirió el elemento se había deleitado asesinando a esta joven. Le había tomado por los cabellos había penetrado el filo del cuchillo por su cuello cortando la yugular, la tráquea y cuando el cuchillo tubo alguna dificulta para hacer su labor, había tomado un hacha y acabado se separar el cuello del resto del cuerpo. Según las investigaciones parecía que quería quedarse con la cabeza como trofeo, pero que luego desistió.




Doña Ramona era una de las que se había quedado un rato más. Cuando terminaron todos se despidieron, pero Doña Ramona le dijo al sacerdote que quería conversar con él. Bueno, le especifico que quería confesarse. Le digo al hijo que se fuera que se quedaría un rato más. El párroco le dijo que lo esperase uno diez minutos a lo que esta asintió. Ya había oscurecido. Todos se habían retirado. La señora decidió cruzar hacia la iglesia que era donde estaba el confesorio, para llegar hasta allí entro por la sacristía, esta estaba a oscura alumbrada por la claridad de la luna. Con todo lo que se había hablado sintió un frio intenso en el estómago de susto al pasar por allí. Se armó de valor,  pensó: “Yo soy una vieja y las que andan matando son jovencitas”. Ya casi alcanza la salida, cuando sintió una mano fría que la sostenía del brazo. Casi sin reaccionar, inmediatamente un brazo le fue colocado alrededor del cuello, sus ojos se desencajaron. No sabia lo que pasaba, a seguida le taparon la boca, era una enguantada. La mujer era fuerte, forcejeo con el individuo y logro medio virar la cabeza. Su sorpresa fue mayor, porque a pesar de que el individuo estaba encapuchado logro reconocerlo. Perdió la poco ventaja que tenía con la sorpresa que se llevó. No pudo más



Humberto Guerrero Reyes

Continuara….


No hay comentarios:

Publicar un comentario