miércoles, 6 de mayo de 2020

La flor del clavero. "El acusado"





Cipriano del Orbe estaba perdido en el vicio del alcohol. Su vida se había convertido en una tragedia desde aquel día que había salido del Cerro, corriéndoles  a las autoridades por los abusos que cometía con su pareja Alicia. Para no ser apresado había abandonado a esta y a sus hijos. Se trasladó al poblado de La Mita, un pequeño pueblo a unas 300 millas del Cerro. En su devenir había pasado por varios pueblos. Se había involucrado en muchas cosas. No cambiaba. Seguía maltratando las mujeres. Sentía un gran odio hacia estas. Decía que ninguna servía, que todas eran unas putas, que solo querían aprovecharse de los pobres hombres. Esta manera de pensar le ganó serios problemas. Hablar mal de las mujeres era uno de sus temas favorito. Decía que había que matarla a todas.




Una noche Cipriano había pasado un buen rato con Chea, una mujer a la cual visitaba con frecuencia. Se enfrascaron en una discusión y su agresividad era tal que sacó un cuchillo con el que siempre andaba. Ya iba agredirla cuando fue encontrado por el hijo mayor de la mujer, un adolescente de 14 años. Esta grito que a su madre la iban a matar por lo que los vecinos procedieron a ir a socorrerla. Rápidamente se corrió la voz de que el asesino de mujeres andaba haciendo de las suyas y se armó toda una búsqueda.

 Cipriano corrió con toda su fuerza, nunca antes había sentido tanto miedo, pensaba que ese sería su fin.

Cuando Alicia se acerba a su casa que vio esa persona escondido en lo oscuro próximo a su puerta pensó lo peor, pero a medida que se acercaba logro darse cuenta de que era el padre de sus hijos. Sintió un gran miedo, pero su enojo era mayor. Se armó de valor y se acercó. Lo interpelo, pero este se veía más asustado que ella. Le reclamo que si ese cuchillo era para matarla. Este no hizo caso a la preguntaba y le dijo que abriera la puerta. La mujer no sabía qué hacer. Dudaba si hacerlo, finalmente, entraron al lugar. Ella le pregunto que buscaba allí. Que no era bienvenido a esa casa. 




Cipriano se veía realmente asustado, quería refugio en la casa de los que fueron su familia, pero la mujer se veía decidida a no dejarlo allí. De repente tocaron la puerta del hogar, se inquietaron el hombre y la mujer. Era la madrugada y esa no son horas para tocar en casa de nadie a no ser que fuese alguna emergencia y dado el caso del hombre, pensó en sus perseguidores.



Era la  policía que tocaba en la puerta. Cipriano se apresuró a acercarse a la puerta de atrás. Alicia camino hacia la puerta delantera y al mismo tiempo Cipriano abrió la de atrás y salió corriendo, no le valió de nada, lo esperaban. Un disparo lo tumbo al suelo. Todo el vecindario estaba alborotado. Los comentarios se suscitaban, todos decían que habían atrapado al peligroso asesino de mujeres. Alicia esta horrorizada, no sabía que pensar. Reconocía a Cipriano como un hombre violento y abusador de ella, pero jamás que fuese un asesino. Sentía muchas vergüenzas por sus hijos. La gente la llenaba de preguntas que no podía responder. No sabía cómo explicarles a los niños la situación.



Llevaron a Cipriano a Cuartel a esperar que llegase un investigador de la Capital. Pasaron varios días de aquel momento del arresto. El hombre juraba y perjuraba que era un error que el nunca había matado a nadie, que tomo ese cuchillo peleando con Chea solo con la intensión de asustarla y nada más. La verdad era que no se podía tomar ninguna decisión con su caso hasta que no recibieran órdenes superiores.

Desde aquel día del arresto de Cipriano, Alicia no estaba bien, se le veía muy pensativa. Seguía trabajando por la necesidad, pero por donde quiera que anduviera entendía que la gente comentaba a su paso. 


Estaba viviendo momentos terribles. Caminaba y no sabía si pisaba el suelo o las nubes, estaba sumamente distraída. Pasada una semana del incidente a la hora de cerrar el bar se dirigió como siempre a su casa, pensaba en todo aquello, pero también en que estaba corta de dinero. No se daba cuenta de que alguien se le acercaba, no percibió nada hasta que sintió un gran golpe en su cabeza y perdió el sentido.

Despertó estando atada de pie y manos, sentía un gran dolor de cabeza, estaba vendada. De una vez se llenó de preguntas, no sabía lo que estaba pasando, escucho pasos detrás de ella, alguien se acercaba. Pregunto quién andaba ahí y nadie le respondió. La persona se bajó donde ella y le puso algo en la nariz. El olor era característico, lo conocía, pero inmediatamente no sabía que era. Luego le acercaron un hierro frio. Se lo pasaron por un brazo y pudo darse cuenta de que era un cuchillo. Entro en pánico, grito pero parece que nadie la escuchaba, la cosa se puso peor cuando sintió ese hierro rozarle el cuello, pensó: voy a morir.



Humberto guerrero Reyes

Continuara…

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