sábado, 16 de mayo de 2020

La flor del clavero. Al filo de la muerte


Al filo de la muerte


En la Republica Dominicana hablar de un asesino serial no era costumbre dado que era muy raro que se viera eso por aquí. Lo lamentable del caso era que en estos días se había desatado una serie de crímenes que apuntaban, según sus características, a llegar a la conclusión de que las autoridades se enfrentaban a un reto nunca visto.




Alicia se encontraba presenciando lo más atroz que su joven vida jamás imaginó ver. Un crimen de odio en gran magnitud, y ello hay que decirlo así dado el comportamiento del criminal de cómo estaba torturando a esa mujer. Hasta ahora Alicia no le distinguía el rostro porque estaba toda cubierta. Precisamente parece que el homicida estaba pensando en esto también, porque en ese instante este levanto el cuerpo de la chica y la puso de frente a Alicia.




Que quería hacer este señor? Se preguntó Alicia. La chica forcejaba. Le quito la venda de los ojos y luego de la boca. Su grito fue terrible. Alicia se le desencajaba los ojos del rostro, la conocía. Era una conocida del pueblo. Conocía su familia. No lo podía creer. Se trataba de Mirtha la hija de Don Chago. Personas muy querida en el pueblo. Este señor se dedicaba a la crianza de cerdos y pollos. Así mantenía sus hijos. Hacen un par de años Mirtha se había fugado con su novio. Al poco tiempo se supo que era que había sido embarazada en la casa y no espero la reacción de sus padres. Se fugó un el novio, que era José Alejandro, un chico que ayudaba a su papa en la siembra de guineos. Parece que este se la llevo para cumplir las formalidades, porque al poco tiempo estaba la chica nuevamente en su casa y embarazada. A partir de ahí, Mirtha había entrado al descredito de los chismosos de la comunidad, ya que esta joven se dedicó a estar con uno hoy  y otro mañana.





Alicia no podía hablar ya que su boca estaba amordazada, pero Mirtha si dijo su nombre en su desesperación. El criminal parece que se divertía con la tortura. De repente puso el enorme cuchillo alrededor del cuello de la víctima y poco a poco, como si fuera en cámara lenta, pero con ambas manos muy firme en sus objetivos, fue llevando el cuchillo de una oreja a la otra a la altura del cuello. La sangre se disparó a borbotones, parece que había cortado la vena aorta. La boca de la víctima se veía como una mueca y los ojos desorbitados de la sorpresa. El resto de su cuello disparaba sangre por el lado cercenado como si fuera la tubería de una llave descompuesta expulsando grande cantidad de líquido que en este caso era mucha sangre. Su cuerpo se movía a impulso que le permitían los nervios del cuerpo al ser desconectados del cerebro.




El carnicero tomo la cabeza que tenía agarrada por los cabellos de su víctima y la puso encima de la mesa y procedió a coger el hacha con la que un rato antes había entrado. Atino a darle un solo golpe seco en la parte frontal, partiendo toda la cabeza y el rostro en dos mitades. Alicia se preguntaba como resistía poder observar toda aquella diablura, propia de una mente enferma, desquiciada, de alguien que no podía estar en la gracia del señor jamás.




Parecía que aquel verdugo quería moler aquel cuerpo, porque si ya la mujer estaba muerta, ¿Para qué aquella aberración? Luego tomo el cuerpo y fue cortando todas sus coyunturas, las extremidades cortadas a su mínima expresión, su torso cercenado en varias partes, luego al llegar en la parte baja del cuerpo se detuvo, se dirigió a un estante y allí había una fundita, saco algo de ella y luego de cortar las piernas, introdujo aquello en la vagina. Mientras hacia todo aquello miraba fijamente el rostro de Alicia. Parece como que quisiera que no se perdiera nada de aquella rutina que no dejaba ver que tenía gran experiencia haciéndolo. Aquella vez quería un público. Alicia se preguntaba que por que ella había sido escogida para ver todo eso. Había llegado a una conclusión muy lógica, si el asesino permitió que viera todo aquello, no es verdad que la iba a dejar viva.




El criminal volvió a la estantería y tomo otra funda. Luego busco una caja de herramientas y de allí saco un martillo. Tomo la mano izquierda del cuerpo y lo clavo de un solo golpe. Terminada su obra se quedó contemplándola como con satisfacción. Tomo un saco al poco rato y echo todo aquello pedazos dentro. Lo coloco en la mesa. Alicia lo observaba con atención y terror. Lo vio recoger el cuchillo que quedársela mirando. Se asustó aún más. Ya sí, no habrá piedad en este individuo. Su apetito de sangre aún no se saciaba, venia por ella. Alicia se dio cuenta que su cuerpo se movía hacia el de ella. Su cuerpo se tensó, no podía creerlo. Sus orines comenzaron a brotar, su frente destilaba sudor. Venia hacia ella cuchillo en manos.





Humberto Guerrero Reyes

Continuara….

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