Lupa (Novena entrega)


La provincia de San Juan de la Maguana en la Republica Dominicana es de la más agraciada en su producción agrícola. Es llamada “El granero del sur”. Allí se producen enormes cantidades de arroz, habichuela, gandules, maíz, etc. Ahora dicen que hasta una gran beta de oro existe allí y que se extiende hasta los lados de la frontera con Haití por los lados de Elías Piña.
Realmente esta provincia es toda una belleza natural, esa vegetación frondosa que contrasta con la vecina provincia de Azua, le hace sin igual.
Mujeres bellas y elegantes, hombres trabajadores se unen para lograr que esta provincia sea de la más productiva y visitada del país.
Resulta paradójico el contraste que hay entre tanta belleza natural con el grado de pobreza del lugar. La gente es sumamente humilde, con tanta comida y tanta hambre. La misma historia de estos países Latinos Americanos. Las riquezas se quedan en manos de reducido grupo que lo acapara todo.
Cuando en esos campos de Dios la necesidad es grande y no se aprenden oficios, ni se hacen carreras universitarias, las cosas son terribles. Se ven a gran cantidad de hombres hambrientos y deseosos por encontrar que hacer. Muchos de ellos entienden que enrolándose en el ejército o la policía es como quizá puedan resolver sus problemas
El cabo Cándido Antonio Herrara Piña era oriundo de Palma Sola en San Juan de la Maguana. Había nacido en un lugar que ocupaba su espacio en la historia dominicana. Allí fue donde se adora a un personaje de inicio del siglo XX, Olivorio Mateo a quien se le atribuían realizar hechizos mágicos y curar personas, solo que a su alrededor creció una enorme cantidad de seguidores que no respetaban las leyes de la Nación, si no, solo la autoridad de su líder.
El asunto es que a este señor lo mataron los soldados norteamericanos durante la primera intervención norteamericana a la Republica Dominicana. La gente nunca creyó lo de esta muerte y seguía adorando a Papa Liborio como ellos le llamaban
La historia se repitió luego en 1963 con unos que se hacían llamar sacerdote de la fe en Papa Liborio (los Mellizos Ventura).
Bueno, pues de allí era el cabo Herrera. Un joven soñador y con deseos de progresar, entro a la policía nacional y se distinguió por haber apresado a Dick Tracy Pie un haitiano que había atracado a un  anciano cuando este se dirigía a comprar unos medicamentos a la botica popular. No se conformó con quitarle su dinero, también lo golpeo. Los ciudadanos lo persiguieron, pero no pudieron darle alcance y quien lo consiguió fue el alistado Cándido Herrera. Hasta dicen que por eso lo hicieron cabo.
El cabo herrera estaba de puesto en el departamento de crímenes del cuartel del Naranjal, cuando se recibió la información de que había que buscar un delincuente a la casa de Don Pepe. Había posibilidad de que estuviera allí.
El cabo Herrera entendió que tenía la libertad de disparo al delincuente en el costado derecho sin peligrar la vida de la señora detrás de la cual se escudaba. Amartillo el revólver listo para disparar. El joven policía nunca había matado a nadie, cuando atrapo aquel haitiano solo se abruzo con este, no hubo necesidad de disparar. Lo más cerca de matar a alguien la tubo cuando “Cila” la burra que tenía en la casa se puso violenta, atacando a todo el mundo, jalo su arma para dispararle, pero un viejo campesino le dijo que no lo haga que después se quedaba sin transporte, eso lo detuvo.
Tantas cosas le pasaban por la mente que no actuó con tiempo. El disparo que le hizo Pocho atravesó su cuello provocando el desangramiento instantáneo muriendo en el acto.
Pocho nunca había asesinado a nadie, actuó sin pensar, pero luego del hecho se quedó pasmado como diciéndose –“Que hice?” Esa actitud fue su traicionera porque el policía no andaba solo inmediatamente que el cabo callo, un teniente que estaba próximo y  tuvo visibilidad del cuerpo de pocho le hizo dos disparo, uno al costado y el otro a la cabeza. El cuerpo del chico rodo por el suelo junto con el de la señora. Ya no se pararía más.
Continuara…
Humberto Guerrero

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