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Lupa (II)



Gustavo  Arturo Rodríguez era hermano de Rosa. Era un chico inquieto y vivaz, su físico no se diferenciaba en mucho a lo del resto de los hermanos, por tanto, muy parecido a Rosa, pero en carácter muy diferente. Tenía deseos de salir de la crisis económica de su familia, solo que no pensaba en nada bueno para conseguir dinero. Tenía un amigo que lo había convencido de conseguir dinero fácil, algo parecido a lo que hacía un héroe de leyenda, o sea, robarle a los ricos, pero en este caso para quedárselo ellos que ya eran pobres.

Pocho, que era como le decían al amigo de Gustavo, ya tenía un buen prontuario delictivo en la policía, robo, atraco a mano armada, tráfico de droga en pequeños “puntos” de distribución; todo un delincuente de poca monta. Los chicos del barrio decían que hasta violador era el fulano. La última vez que había caído preso había sido que la policía le había encontrado 20 sobrecitos de cocaína en un operativo policial mientras se desplazaba en una de las llamadas “Pasolas”.

Pocho frecuentaba la casa de los Rodríguez siempre en busca de su amigo de delincuencia y de paso le echaba una miradita a Rosa porque ya esta se veía como una mujercita.

Corría el mes de marzo (mediados), habían anunciado el desfile de carnaval en el Malecón de la capital y al final tocarían unas orquestas de merengue  y música urbana, cantaría un tal “Lápiz consiente”. No se sabía dónde tenía la conciencia porque los consejos que les daba a los jóvenes, si lo escuchaba la madre Teresa de Calcuta, resucitaría desde su tumba.

Toda la barriada se preparó temprano y arranco para el Malecón.

Era  domingo en la tarde, hacia un sol abrazador, el calor de cuaresma parecía que soltaba lenguas de fuego. El cielo estaba despejado. El calor era pegajoso. Rosa que como siempre era lenta en todo se quedó atrás preparándose, ya todos se habían ido.

Rosa entro al pequeño cuartucho donde estaba el baño. Tenían un recipiente grande donde acumulaban agua e iban sacándola con un envase pequeño para asearse. En esto estaba la chica cuando  pocho llego a buscar a su amigo. Lo llamo y al no recibir noticia decidió entrar. Atravesó la pequeña sala, al fondo había una puerta que comunicaba con el patio, oyó el agua caer, llamo y quien le contesto fue la chica que le decía que yo todos se habían ido. A Pocho y a Rosa solo lo separaba una vieja cortina echa de saco de harina. La lujuria lleno todo el cuerpo de aquel delincuente, Al escuchar aquella voz , el  delgado cuerpo  de  aquella niña comenzó  a estremecerse sospechando lo que le pasaba por la mente al amigo de su hermano.

Continuara…

Humberto Guerrero

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