Lupa (Decimo cuarta entrega)




Las tres mujeres se habían sentado en el asiento de  atrás, sintieron el golpe desde la parte posterior del autobús. A penas solo había sido un toque necesario para tambalear aquel vehículo de transporte público. La madre de Rosa se había golpeado la cabeza  con el vidrio de la ventaja adjunta. Todo el un alboroto porque luego del golpe vino el desequilibrio del vehículo, el chofer tubo que maniobrar para evitar irse hacia el canal de regadío que quedaba a orilla de la carretera.

Cuando pudo dominar la guagua se detuvieron para chequear lo que había pasado. Un camión lleno de cajas de cerveza había sido quien le había dado un pequeño toque. Había un  gran barullo, las mujeres estaban muy asustadas, no decían nada, ellas tenían una idea de dónde venía toda  aquella confusión.

Lo bueno es que no había pasado nada que lamentar y pudieron continuar camino sin más sustos.

Cuando bajaron de la camioneta que la llevo hasta su destino final, las mujeres bajaron y respiraron con más tranquilidad. Isa muy segura de sí tomo la delantera, ya que conocía bien todo aquello. Las personas la saludaban muy efusivamente. Los niños se acercaban a curiosear.

Se dirigieron directamente donde Agapita que ya estaba avisada de la llegada  de la visita. De todos modos había más personas consultándose ese día. Los días en especial para este tipo de consulta eran los martes y viernes.

Los que ya habían llegado esperaban en el patio sentado en un banco de madera y algunas sillas de guano. Las mujeres encontraron lugar en el banco. Adentro del altar se escuchaba una alabanza dedicada a Anaisa Pie. De pronto salió una mujer, luego regreso con una cerveza en las manos, se escuchó una campana. Luego el silencio.

Cuando les llegó el turno a las mujeres, estas penetraron al altar, la ayudante adelanto dos sillas más. Se veían muchos cuadros de santos, varios de ellos tenían una fuente delante donde se resaltaba aceite con una mecha.

De un lado se podía divisar la bandera dominicana, había otras banderas cada uno llevando un color en representación a cada deidad. Entre estas y el altar la silla principal y la mujer que fungía ser el “caballo” que montaba el misterio. Tenía un vestido amarillo  que llegaba más allá de las rodillas. En la cintura un pañuelo  verde amarrado y en la cabeza un pañuelo amarillo. Sostenía un cigarrillo en los labios y una cerveza en la mano derecha. 


Isa se le acerco, le tendió la mano izquierda, soltó la cerveza, le dio una vuelta en la manecillas del reloj, cuando le dio la vuelta completa hizo lo propia con la otra mano, pero en sentido contrario. Isa  sintió que se iba hacia atrás, el “ser “en la cabeza de Agapita la sostuvo con firmeza, cruzo la otra mano y la puso de pie.

La madre de Rosa y su vecina también saludaron de la misma forma y luego tomaron asiento. La madre de Rosa paso a contarle sus problemas. Anaisa que era el misterio en cabeza asentía, le paso la cerveza y esta tomo un trago, al final  le informo:

Anaisa le hizo memoria sobre una amante que había tenía su marido, el padre de Rosa, y la cual había quedado embarazada  y que se había dado una caída al quinto mes y perdió el embarazo. Según el “misterio” en cabeza, esa señora acusaba a la esposa de haberle puesto una poción mágica, o sea “un servicio” para perder la barriga y decidió cobrar venganza colocándole una comida en un higüero y enterrándolo en el patio de la casa de la madre de Rosa. Según ella este estaba enterrado debajo de la mata de guanábana. Este era el origen de los males de su familia.

Las otras dos mujeres también aprovecharon y se consultaron y de ahí se marcharon con la expectativa de ir a busca ese “servicio” debajo de aquella mata.



Continuara…

Humberto Guerrero

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