Lupa (Decima primera entrega)


Rosa y su madre pasaron momentos bastante desagradables en aquel cuartucho del departamento de crímenes y delitos a la propiedad. Allí no se les acusaba de nada, solo querían saber si ellas conocían algo de las actividades de ambos delincuentes.

Fue en estas circunstancias que se enteraron y tuvieron detalles de lo que le paso a Pucho. Rosa quiso fingir, pero no pudo, perdió el control de sus sentimientos y comenzó a llorar. Su  madre sabía lo que pasaba. El policía pensó que toda aquella algarabía seria por su hermano. Ya que la madre también parecía desconsolada con la muerte de su hijo. Al fin pudieron marcharse.

Pasaron los funerales y poco a poco aquellos sectores fueron retornando a su normalidad. Es el destino, se habla mucho cuando los muertos aún están algo caliente, pero a los pocos días las personas pierden el interés del tema y ya algún nuevo tema acapara su atención. Quienes no olvidan son los seres queridos cercanos a los difuntos. Esos siempre mantendrán ese trago amargo por largo tiempo.

Nuestra chica sí que estaba bastante frustrada con todo aquello. La noticia tuvo que ser de dominio público porque al ir cambiando el cuerpo de la niña comenzaron a tejerse comentarios de toda índole. Al fin y al cabo tuvieron que decir la verdad de lo que paso. Nuevas cargas de desprecio con la memoria de aquel delincuente y mayor carga para doña Pilar.

La madre de Pocho, Doña Pilar, se mantuvo como una roca frente a los eventos, aunque la idea de que iba a tener un nieto le daba un alivio de esperanzas. Quizás la familia podía permitirle acercarse a esa criaturita que llevaba su sangre.

La madre de Rosa se encontraba devastada con todos los pormenores que  le estaban pasando a  su familia. Decía que le habían echado algún espíritu malo. Se lo comentaba a una vecina y esta inmediatamente le aconsejo leerse la taza, que ella conocía a alguien que era una experta.

Isa era como le llamaban a la chica, una hermosa morena de cuello largo, joven. Decía que había heredado la sabiduría de leer la taza de su abuela. Vivía en el norte de la ciudad capital y hasta allí fue la madre de Rosa buscando un explicación de lo que estaba pasando.

Cuando las visitantes llegaron, Isi les hizo pasar al patio de la casa. Esta era una vivienda de gente bien humilde, para llegar al patio había que pasar por la cocina. Había pasado la hora del almuerzo y parece que todavía no había nadie que se acordara de esa cocina. Allí todo esta revuelto, parecía que habían vasijas del desayuno porque eran tanta que no podían ser solo del almuerzo. La verdad que el aseo estaba de vacaciones en aquel lugar. La madre de Rosa pensó que ella era pobre, pero limpia y ordena hasta la saciedad.

Llegaron al patio, no era muy grande, habían algunas gallinas allí buscando que picar. Lo mejor es que hacia buena sombra. Isi se ausento un momento, dijo que pondría café. La madre de Rosa solo pensó que como lo podría hacer con aquel reguero en la cocina.

Al fin llego el café y las tres lo tomaron  hasta el fondo. Se dejaron escurrir las tazas y luego Isi tomo en sus manos las de la madre de Rosa. Comenzó a observarla y a meditar. Reinaba un gran silencio, solo se escuchaba el silbido del viento, las aves revoloteando en los árboles y en la lejanía se escuchaba una bachata sonar.

Mientras la madre de Rosa buscaba explicación a lo que estaba pasando en su casa, el padre visitaba la taberna, se cansaba de pensar por que pasaba todo aquella con su familia. La carga se había vuelto muy pesada, su pequeño hijo asesinado como ladrón y su hija violada y embarazada. Entendía que había fracasado como padre. No entendía el por qué a él.

Estaba sentado en la Taberna “El mujeron”. Le acompañaba una botella de aguardiente, ya casi la terminaba y pedía que le repitieran una bachata de Anthony Santos  “Consejo de Padre”.

        “Hija mía escúchame soy tu padre

        Y ahora por tu bien te quiero hablar

                Yo sé bien

        Que ese hombre tú lo quieres

        Pero él no te va dar

                Felicidad

        Nunca le he visto el estilo

        De un fundamento contigo

        Siempre te dice mentiras

                Escucha corazón

                No te ponga a llorar

                        Tu padre

        No te aconseja por mal

        Lo que yo no quisiera

        Que nunca a ti mi vida

        Que de ti nadie

        Se vaya a burlar”

Aquello mataba aquel hombre pero el alcohol podía más que la razón y no paraba de escuchar, tomar y lamentarse de su situación.

Mientras en la casa de Isa, con la leída de la taza paso algo extraño al momento de Isa decir lo que veía. La adivina cerró los ojos, se levantó de repente, la taza salió disparada por el aire  rompiéndose en miles de pedazos. La adivina rodo por el piso y lanzo un solo grito. Las mujeres estaban aterrorizadas preguntándose qué estaba pasando.

Continuara…
Humberto Guerrero

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