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Lupa (Cuarta entrega)





Eran las seis de la mañana, Rosa casi no había dormido, no estaba segura de lo que pasaba, pensaba que podía ser el calor que hizo toda la noche, la energía eléctrica se fue  como a las diez, no tenían ningún generador extra para las emergencia de falta de luz eléctrica, no sabía justificar el insomnio que no la dejaba dormir. Algo le preocupaba.
La chica se sentó en la cama pegada de la pared, sintió que un clavo la puyaba y se echó más a la izquierda, ahí estaba más cómoda, comenzó a abanicarse con un cartón. Reinaba un gran silencio que contrataba con el bullicio que hubo el día anterior. Se escuchaban  mezcla de música a alto volumen., bachata y música urbana, se tomó mucho aguardiente y nunca falta un pleito entre los parroquianos, parece que había una vecina celosa con el esposo, lo de siempre.
Meditando una cosa y otra le llegaron  los recuerdos de unos meses atrás, aquella experiencia que había tenido y que no le había podido contar a nadie le dejaría marcada de por vida y al final de los hechos la habían dejado con mucha confusión
Es lógico que la chica estuviese confundida con todo lo que le pasaba en la vida, es que era apenas una niña de doce años de edad y en ese momento le acontecían cosas de  personas mayores.
Rosa recordaba aquel domingo de día de carnaval cuando Pocho fue a buscar a su hermano y ella se estaba bañando.
Cuando la chica le dijo que todos se habían ido se armó un silencio que cortaba en el aire. Pasaron unos segundos y Rosa no sabía si el chico se había ido. Recordaba lo que decían de este sobre que había violado algunas chicas
La niña espero un ratito más y se dispuso a sacar la cabeza a ver si se había ido ya que aún no terminaba de bañarse. Así lo hizo y en ese mismo momento sintió la envestida de una vestía salvaje cuando se abalanza sobre su presa.
Rosa no podía mover sus brazos porque unas fuertes tenazas la apretaban hasta dolerle, su cuerpo chocaba con el envase de agua y en medio del forcejeo el agua de derramo por todas partes. Pensaba en sus padres, en sus hermanos que no estaban allí. No sabía cómo escaparía de esto.
Pocho antes de entrar a aquel baño se había quitado el pantalón seguro de lo iba hacer. La niña quiso defenderse, pero su frágil cuerpo no podía con aquel maleante que parecía un gigante hecho de acero.
Mientras ambos forcejaban Pocho pensaba como podía hacerlo mejor. Ya que aquella niña era una presa fácil podía darse el lujo de observar aquel cuerpo virginal. La verdad que aquel génesis de mujer incitaba a disfruta de ese manjar para aquella mente sucia y enferma.
La bestia hinchada de deseos entendía que la mejor forma de llevar a cabo sus deseos primitivos era dándole vuelta y obligarla a encorvarse y así lograr la penetración. La delgada niña se defendía pero era inútil termino dejando que la cosa pasara y lograr que los instinto animal de aquel violador se saciaran y terminara su suplicio.
Lo que Rosa sentía era infernal: Dolor horrible, veía mucha sangre saliendo de su intimidad, su cuerpo desfallecido, su vida acabada, su niñez mutilada; y aquel verdugo frente a ella. Se veía feliz, complacido con su monstruosidad. Se pavoneaba como que ella  le pertenecía.
Para completar su obra le amenazo con que no le dijera nada a nadie, haciéndole ver que él era capaz de asesinarlos a todos y llevársela a ella. Aquel día no salió a ninguna parte, cuando sus padres llegaron la encontraron acostada y al preguntarle  qué porque se quedó se limitó a decirle que le dolía la barriga. No se dieron cuenta de nada en el baño porque Rosa había arreglado todo allí.
Como todas las familias pobres, en la casa de Rosa se vivía con el día a día. Había que salir a la calle a buscar el peso para poder comer. Por esto Rosa solía quedarse sola, ya que ella tenía que hacer los deberes del hogar.
Desde que paso el incidente con Pocho, hacían cuatros días, no lo había vuelto a ver, hasta esa mañana que lo vio parado en la puerta. Rosa limpiaba la casa en ese momento cuando vio esa figura parada allí. Su cuerpo comenzó a temblar, sus rodillas se aflojaron, su corazón parecía que se saldría de su pecho. De su parte él se veía sereno. Feliz y autoritario.
Pocho cerró la puerta, la tomo por el brazo y la hizo pasar a la habitación. No tenían que ir muy lejos, porque aquella casa solo estaba compuesto por dos cuartuchos de madera vieja, techada de zinc  y donde no alcanzaba madera tenia algunas hojas de latas abiertas.
  La tiro en la cama, a la niña le saltaron las lágrimas y una mirada de terror que había que tener corazón para entenderla. Él le decía que ella era su mujer y que podía usarla cuando quisiera.
La beso a la mala, se quitó la camisa y volvió acariciarla, en eso tocaron fuerte en la puerta, había regresado su hermano mayor y venia hacia la habitación.

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