“Fui ‘esposa de placer’ de un poderoso comerciante de armas saudita, parte del harén de uno de los hombres más ricos del mundo”

El pasado de la empresaria y diseñadora Jill Dodd, fundadora de la marca internacional de ropa deportiva Roxy, es sin duda exótico. Su vida tuvo un giro inesperado un fin de semana a principios de los ochenta, cuando con 20 años trabajaba como modelo en París. 

Jill Dodd
Cuando tenía 20 años, Jill Dodd vivió una relación muy distinta a las que terminan en "y se casaron y vivieron muy felices" que se escriben para el cine en su nativa Los Ángeles.

Todo empezó con una invitación a una fiesta...

"Mi agente me llamó para preguntarme si yo quería ir a Monte Carlo con ella y le dije '¡Sí... maravilloso!'. La noche que llegamos fuimos a una fiesta loquísima".

El lugar era Le Pirate, donde camareros de pelo largo y sin camisa tocaban guitarra mientras una fogata crepitante, de seis metros de altura, iluminaba el cielo.

"Un 'pirata' me entregó una copa de champán. Me lo tomé y tiré la copa al fuego, como los demás invitados. Todo era tan salvaje y decadente. Quería bailar y vi a un hombre sentado en la mesa que parecía inofensivo: era como el papá de una amiga. Nos miramos y empezamos a bailar alrededor de la fogata".

"Mientras estábamos bailando, mi agente se acercó y me preguntó si sabía con quién estaba bailando. Le contesté que no, que no me importaba. Me dijo: 'Adnan Khashoggi' y le pregunté: '¿Qué es Adnan Khashoggi?'... no le entendí nada".

Khashoggi era un multimillonario saudita, comerciante de armas y conocido por su papel en algunos de los más famosos escándalos de los ochenta, entre ellos el Irán-Contra o Irangate, (1985 y 1986), en el cual Estados Unidos, bajo el gobierno de Ronald Reagan, le vendió armas al gobierno iraní que estaba en guerra con Irak y financió el movimiento Contra nicaragüense, dos operaciones prohibidas por el Senado. Khashoggi fue un intermediario clave.



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