martes, 28 de julio de 2015

Cuatro características que hacían que una mujer de hace 100 años fuese «sexy»

Desde tener un busto generoso, hasta contar con una piel sumamente blanca. El ideal de belleza ha cambiado considerablemente en poco más de un siglo

Cuatro características que hacían que una mujer de hace 100 años fuese «sexy»

Tras meses esperando su llegada, ya estamos inmersos en el verano, una época que se asocia usualmente a las buenas comilonas cerca de la playa y a las vacaciones. A su vez, el estío también es un tiempo que se relaciona con el cuerpo perfecto y con el atractivo. Dos características que muchos trabajan en el gimnasio durante todo el año con el objetivo de poder ponerse el bikini o el bañador sin complejos. Sin embargo, hace escasamente un siglo la sociedad valoraba unas características bien distintas a la hora de determinar si una mujer era o no atractiva. Entre ellas destacaban que su cuerpo tuviera forma de «S» o que su piel fuese blanca.

1-Forma de «S»

La principal característica que hacía que las mujeres de principios del S.XX fuesen atractivas para los hombres es que su cuerpo imitase la forma de una «S» o de un reloj de arena. Es decir, que contase con unas caderas anchas y un pecho voluptuoso. En un intento de lograr este objetivo, se ponían corsés sumamente apretados que, en muchos casos, les dificultaban la respiración. Sin embargo, parece que les merecía la pena, pues así comprimían su vientre haciendo que, en apariencia, sus curvas fuesen más marcadas.

2-Una tez pálida

Además de contar con curvas marcadas y un cuerpo con forma de «S», la perfecta mujer de principios de la primera década de 1900 debía contar con una tez pálida. La razón era sencilla: estar moreno implicaba que había que trabajar bajo el sol para ganarse el pan. Por el contrario, tener una piel blanca era sinónimo de estar encerrado en casa todo el día disfrutando del dinero que se atesoraba.

El contraste era considerable con la actualidad, pues ahora tener algo más de color implica haber pasado una buena temporada en la playa, algo que no puede permitirse todo el mundo. Con todo, había «trucos» para lograr este objetivo. Algunos de ellos implicaban usar productos elaborados a base de plomo para reducir el color de la piel.

3-Un cabello alto y rizado

Durante esta época se vivía una transición entre dos tipos de peinado. El primero era el «pompadour» del S.XIX (característico porque buscaba la elevación del cabello y lo ostentoso) y la predilección de principios del S.XX por el pelo rizado en las mujeres.

Esta mezcla dio como resultado una cabeza culminada por rizos voluminosos y una gigantesca maraña de pelo sobre la que se ponían los también inmensos sombreros (los cuales servían, a su vez, para evitar el sol y que la piel no se tornase morena y contaban con todo tipo de adornos estrafalarios). Estas características se completaban con un cuello descubierto. ¿El objetivo? Que pareciese el de un cisne por su extensión. Puede parecer extraño, pero este canon arrasó durante esa época

4-La chica Gibson

Todos estos rasgos quedaron definidos y representados en las ilustraciones del artista Charles Dana Gibson, cuyos dibujos representaron el ideal de belleza femenino (sobre todo en lo referente al cuerpo y a las curvas) durante los comienzos del S.XX. La clave, según él, era que la mujer contase con curvas prominentes y un vientre plano. Con todo, este sujeto siempre señaló que él no había inventado nada, sino que, simplemente, había plasmado la moda que veía cada día al andar por la calle y pasar por lugares de reunión como el teatro o las tiendas.           Fuente

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