Los consortes de las nuevas «lideresas»

Damos, caballeros y hasta adanes. Dennis Thatcher y Joachim Sauer son los más conocidos maridos de mandatarias mujeres. Bill Clinton, después de ser presidente, puede acabar de primer caballero

Los consortes de las nuevas «lideresas»
Eduardo Leira, Javier Aguilar y Adrià Alemany son los maridos de Manuela Carmena, Cristina Cifuentes y Ada Colau

Néstor Kirchner bromeaba llamándose «primer damo» cuando su mujer, Cristina, alcanzó la presidencia de Argentina. Bill Clinton, que siempre será llamado presidente, estuvo en uno de los últimos programas de David Letterman en mayo y consintió en reírse de su previsible futuro como first gentleman (primer caballero), la expresión que se utilizaba para el marido de Geena Davis en la horrible serie donde ella era la inquilina principal de la Casa Blanca («Sra Presidenta», «Commander in Chief» en el original). 

Tiempo atrás, en el show de Rachel Ray, Clinton había dicho que no pensaba adoptar el título de primer caballero. Sugirió Adán, el primer hombre de la Biblia. También sugirió el término escocés first laddie (primer chaval, no ladilla). 

Con tanta memez, parecía el inventor de palabras de «La colmena» y consiguió que en «Saturday Night Live» se rieran de él y lo calificaran como primer tío. Da igual, a Bill Clinton le gusta que le digan de todo. 

En otro programa, el lechoso pelirrojo de Arkansas recordó a Jimmy Kimmel que le encantaba ser llamado «el primer presidente negro» («Pero Obama lo es de verdad», tuvo que aceptar). 

Si Hillary gana las elecciones nadie le va a quitar el mérito de ser el primer-primer caballero de Estados Unidos. Cosa que en español suena a película de Sean Connery y Richard Gere en Camelot. 

Lo único seguro es que el matrimonio Clinton no va volver al 1.600 de la Avenida de Pensilvania con ayuda de Monica Lewinsky. Ahora vota a los republicanos. Dice que los demócratas le dejaron mal sabor de boca.

En todo caso, Clinton (presidente bis) no será un consorte al uso. No será un hombre invisible como Joachim Sauer, el de Ángela Merkel. Tan invisible que Merkel es el apellido del primer marido de la canciller alemana. Quizá por eso se molestó cuando el ministro de Exteriores Guido Westerwelle lo saludó con un «buenos días, herr Merkel».

El mejor consejo para consortes de las que tiene que mandar lo dio Dennis Thatcher, marido de la premier británica y un tipo tan británico que daba la impresión de estar todo el rato comiendo riñones y pastel de ruibarbo: «Pasar inadvertido y conseguir que nadie escriba una línea de uno es la mejor manera de evitar problemas». Ya le habría gustado al marido de Manuela Carmena que nadie escribiera una línea de él. 

A Dennis lo que le gustaba era el petróleo, el golf (iba incluso a La Manga Club) y los gin tonics, eso que se ha convertido tontamente en la bebida nacional española (si volviera el Gurb de Mendoza lo pensaría). Dennis también metía mano en el gabinete, aunque su lema fuera «siempre presente, nunca ahí». 

Provocó el cese de tres ministros y convenció a Margaret Thatcher de su retirada. Era el consorte y marido perfecto: «Durante 40 años he estado casado con una de las más grandes mujeres que el mundo ha dado. 

Todo lo que yo he dado ha sido amor y lealtad». Y tenía gracia. Una vez le preguntaron quién llevaba los pantalones en casa: «Los llevo yo. Y también me encargo de lavarlos y plancharlos».

Joachim Sauer, una eminencia en química cuántica (decía Camba que los españoles iban a Alemania a hacerse sabios; ellos allí reciben como tales), casi no habla. Una vez lo hizo: «Hay razones para estar orgulloso de mi mujer por sus éxitos profesionales». Merkel se sorprendió al escucharlo. «Sí que ha tenido usted suerte», dijo al reportero. Dennis Thatcher era considerado el más sombrío marido de todos (o una sombra enamorada, como la película de Negulesco). Hasta que llegó el sabio alemán.

Cristina Kirchner insistía en ser llamada primera ciudadana en lugar de primera dama cuando su marido llegó a presidente argentino. Si Begoña Villacís se convirtiera (gracias a una carambola a lo «Borgen») en alcaldesa de Madrid, su marido sí que podría ser el primer ciudadano. Pero aquí, salvo calzonazos, nunca hemos llamado nada a los maridos de mujeres poderosas.

Los maridos de las «lideresas» españolas



Si el currículum de la futura alcaldesa de Madrid está repleto de méritos profesionales, el de su marido, Eduardo Leira, tampoco se queda atrás. Lleva 40 años ejerciendo como arquitecto y ha llevado a cabo importantes proyectos nacionales e internacionales por los que ha sido galardonado. Sin embargo, la empresa del marido de Manuela Carmena no iba tan bien como parecía. 

Mientras los dos se involucraban en la lucha antidesahucios trabajando juntos y Carmena ejercía como abogada laboralista, en i3 Consultores -el estudio de su marido-, contrataba a sus trabajadores como falsos autónomos para después pasar un año sin pagarles.

 Los tribunales acabaron dando la razón a los trabajadores, que aún así nunca llegaron a cobrar. 

Como buen marido de una abogada supo que solo tenía que poner todos sus bienes a nombre de la futura posible alcaldesa de Madrid para después declararse insolvente.

 Leire estudió en la universidad de Harvard y también en Berkeley. Especializado en la construcción de frentes marítimos, tiene su estudio en el lujoso barrio de El Viso de Madrid. 

En la capital llevó a cabo uno de sus proyectos más sonados, la revisión del Plan General de Madrid, ya que, como su mujer, siempre ha estado muy implicado en el desarrollo de los barrios madrileños.

Adrià Alemany, el «superhéroe» de Ada Colau


Ada Colau se enamoró de su marido en 2007, cuando un joven disfrazado de superhéroe irrumpió en un debate de candidatos a las elecciones municipales en el Ateneu Barcelonés. Se hacía llamar «Supervivienda», alter ego de Adrià Alemany. El activismo les unió y, desde entonces, no se han separado. 

Cinco años más joven que la futura alcaldesa de Barcelona, que tiene 41 años, este economista ha sublimado su gran afición al fútbol con un puesto en la Fundación del FC Barcelona. Adrià se sumergió en el mundo de los movimientos sociales a la edad de 24 años y bajo el lema «V de Vivienda». 

Fue secretario de la Plataforma Antidesahucios (PAH), entidad presidida por Ada, y aplica sus conocimientos empresariales a asesorar a aquellos que son víctimas del abuso bancario. Ada y Adrià confiesan que no podrían convivir si no compartieran esa vocación antisistema. 

La política y la justicia social protagonizan, inevitablemente, las conversaciones que mantiene la pareja cuando llega a casa.

 Comparten un piso de alquiler de 90 metros cuadrados situado en el barrio obrero de La Sagrera por el que pagan 900 euros al mes. 

En 2011 nació Luca, que ya ha debutado en el mundo de la protesta asistiendo junto a sus padres a una concentración del movimiento 15-M. El trabajo y la defensa del derecho a la vivienda deja poco tiempo libre a esta pareja de gustos sencillos. Hay quien asegura que es él quien realmente es el cerebro en la sombra.

Javier Aguilar, el «guerrero» de Cristina Cifuentes


El marido de Cristina Cifuentes se vio obligado a cerrar su estudio de arquitectos cuando llegó la crisis del ladrillo comenzó a manifestarse en España, aunque, a diferencia del marido de Manuela Carmena, Francisco Aguilar sí pagó todo lo que debía a los trabajadores que con él intentaban sacar adelante su despacho, situado en el madrileño distrito de Princesa. 

La posible presidenta de la Comunidad de Madrid y su marido llegaron a pasarlo tan mal con la crisis y el cierre del estudio de arquitectos que llegaron a cortarles la luz y el agua en su residencia de Malasaña. De ahí que sea un «guerrero». 

Él es un apasionado del arte y dibuja siempre que puede, muestra de ello son los cuadros de Tintín que pintó para su mujer y que presidían el despacho de Cifuentes cuando fue delegada de Gobierno en Madrid, un cargo al que accedió sin mudarse a la residencia a la que tenía derecho por llevar esa responsabilidad. Todo cambió cuando Cifuentes sufrió un escrache en plena calle en mayo de 2014. 

En otra campaña para intentar desprestigiar a Cifuentes, se llegó a decir que Aguilar estaba en «busca y captura», una acusación inventada e injusta que llevó a la persecución de la ahora posible presidenta a la Comunidad de Madrid.       Fuente

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