El último salto mortal del campeón de Terra Mítica

Se cayó y quedó tetrapléjico

Rafal Jan Adamczak, en uno de sus papeles en Terra Mítica.

  • La dirección del parque se presta a pagar una intervención
  • Investigan si las colchonetas donde cayó eran profesionales
El afán de superación mueve a todo deportista. Rafal, tetrapléjico, postrado en una cama y atado de por vida a un respirador artificial define su trágico desenlace con su necesidad de progresar en su especialidad de saltos. Su historia es de las que empiezan bien y acaban muy mal, aunque este polaco afincado en La Nucía (Alicante) no ha perdido la esperanza de que la ciencia logre reparar las lesiones de su columna y deje de ser un vegetal para volver a ser el gimnasta que generaba admiración por sus cualidades físicas.

Hace más de una década, Rafal Jan Adamczak salió de su ciudad natal, Zielona Gora, cuando se enteró que podría trabajar como integrante del espectáculo del parque temático Terra Mítica. Un lugar que iba a marcar su destino. Allí encontró al amor de su vida, la joven búlgara Tsvetelina Nikolaeva, también deportista. Y allí, practicando un doble salto mortal, quedó inmóvil para siempre.

A los 7 años empezó a despuntar en unas pruebas que realizó en el colegio, aunque Rafal se describe como "un entusiasta del deporte y un afortunado" porque, hasta que sufrió el accidente, trabajó "en lo que más me gustaba". Su hija, de cinco años, también ha heredado esta pasión por el deporte y practica gimnasia rítmica en el club que regenta Tsvetelina (Tsveti).

En 1993 Rafal fue campeón de Europa en la especialidad de saltos tumpling jump por equipos en Suiza, una especialidad que le permitió participar en la mayoría de números de acrobacia de riesgo disfrazado de pirata o romano ante las atracciones de Terra Mítica. El fatídico 20 de julio de 2013 marcó su existencia con la fatalidad. Ese día se despidió de su mujer, Tsveti, con un beso y un lacónico mensaje: "hoy me siento fuerte, voy a entrenar a tope".

Sólo media hora más tarde, Tsveti recibió una llamada urgente: "Rafal se ha golpeado la cabeza en un salto. Parece grave. Una ambulancia le lleva camino del hospital". En cuestión de segundos, Rafal pasó del cielo al infierno y tardaría meses en poder contar lo sucedido. Ese día quiso practicar su doble salto mortal y, como tantas veces, se lanzó desde una altura de más de dos metros, hizo el primer giro sin problemas. Fue en el segundo cuando llegó la oscuridad, la sensación de que algo no iba bien, de que necesita ralentizar el movimiento porque había dado media vuelta más. De pronto percibió un choque brutal de su cabeza contra el suelo y su vista se nubló por completo.

Rafal achaca la mala caída a "la maniobra, la luz deficiente de la sala, los flecos de una otitis mal curada, unas colchonetas que no eran profesionales y que no pudieron amortiguar el golpe". El hombre de hierro de 37 años, campeón europeo de salto de trampolín, queda roto como una escultura de piedra al caer al suelo. Sin embargo Rafal aún no es consciente de lo que le espera.

En el primer TAC se detecta un diagnóstico dramático: la médula está dañada. Surge la amenaza de una tetraplegia irreversible. Pero hay esperanzas quirúrgicas. La operación se realizó 72 horas más tarde. En palabras de los médicos, resulta un éxito. Los facultativos explican a Tsveti que han observado cierta actividad en la médula pero, incomprensiblemente, Rafal no recupera movilidad. Por el contrario, pierde el movimiento de cabeza, cuello y hombros que tenía antes de la intervención. Además sale del quirófano, entubado, el diafragma no funciona, no puede respirar por sí mismo. Deciden practicarle una traqueotomía.

Entre la vida y la muerte, pasó 40 días en la UCI por una infección pulmonar hasta que fue estabilizado. La mutua ofreció a la familia la posibilidad de seguir la terapia en una clínica privada de Badalona, el Instituto Guttmann. Una nueva neumonía volvió a hacer temer por su vida y cuando se recuperó llega el momento más duro: la doctora que dirigía su tratamiento fue concreta: "vivirá entre uno y tres años, nunca volverá a hablar ni a comer ni a respirar".

Afortunadamente el pronóstico era erróneo. En nueve meses aprendió a manejar un ordenador con la cabeza para poder comunicarse. La persistencia de una logopeda y las ganas de vivir de Rafal permiten que volviera a hablar y recuperó la capacidad de tragar.

La vuelta a casa se convirtió en una pesadilla. La mutua no había cumplido con su compromiso de adaptar la vivienda. Sólo hallaron un respirador, sin batería. Un corte de luz, una avería, podía provocarle la muerte. Frente a estas adversidades Rafal se hace fuerte. Se niega a ser víctima de una cuadriplejia para siempre. Sigue luchando. Una operación que podría desbloquearle el cuello, devolverle la movilidad de la cabeza y con ello una mejor calidad de vida, aunque necesita alejar de su cuerpo ese estimulador de diafragma que nunca ha funcionado, para poder hacerse una resonancia magnética.

Rafal ha iniciado una reclamación frente a la Mutua para que se haga cargo de las prestaciones medicas, y su abogado, José Domingo Monforte, valora presentar acciones de responsabilidad laboral empresarial por las circunstancias que pudieron intensificar el riesgo de la actividad que practicaba. "Ahora se está en conversaciones muy avanzadas con la dirección de Terra Mítica que, aunque no asume responsabilidad en los hechos, se muestra sensible a dar cobertura a las necesidades y tratamiento terapéutico y quirúrgico que permita que Rafal gane en funcionalidad y mejore su calidad de vida", aclara José Domingo.      Fuente

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