Lo quemaron y se fueron al bar

Después que le pegué el tiro a Camila, nos fuimos con mi novio Nicolás a la rambla de Pocitos en ómnibus. Yo llevaba dos revólveres 38. Uno era negro y el otro plateado.


Los llevaba en el morral. Nos quedamos mirando la maratón hasta la noche. Subimos por Luis Alberto de Herrera y tomamos un taxi hasta el barrio La Chancha. Eran como las 23 horas (del sábado 7).

Cuando nos bajamos, fuimos para el lado de la ventanilla del chofer como si fuéramos a pagar. No le dijimos nada. Saqué el arma 38 de color negro y le disparé a la cabeza. No sé por qué parte le entró la bala.

El taxista no dijo ni atinó a nada. Nicolás me quedó mirando. No pensó que yo iba a tirar. Al taxista lo pusimos en la valija. En ese momento, Nicolás gritó algunas cosas para que escucharan los vecinos. Me subí al volante. El taxi lo manejé yo y Nicolás iba de acompañante.

Fuimos hasta la casa de mi madre, en la calle Colibrí (asentamiento La Chancha). Allí estaba el Oreja que nos ayudó a arrancar el taxi. Yo le di uno de los celulares que sacamos al taxista.

Pasamos por un bar (en Maroñas) donde estaba mi madre. Vimos que estaba ahí pero seguimos de largo. No sé si mi madre me vio porque yo iba manejando. En Maroñas (Juan Victorica y Horacio Areco) quemamos al taxi.

Usamos un cartón y polifón y le prendimos fuego. Luego fuimos a la casa de mi suegro que también queda en el asentamiento La Chancha. Nos levantamos a las cinco de la mañana para evitar los allanamientos de la Policía y nos fuimos a la casa de mi abuela en el Borro. Mi madre se fue a una casa que compró en Piedras Blancas. Se mudó porque le dio miedo lo que le hice a la gurisa (Camila).

(Testimonio de Tati, la chica de 14 años que mató al taxista Mario Dipolito, ante el juez penal de 19° Turno, Gabriel Ohanian)

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Me dicen el Gordo Nico. Yo cometí cinco rapiñas a taxis. La primera fue como cuatro o cinco semanas atrás. Yo estaba parado en la esquina con el Richard en el barrio La Chancha (Punta de Rieles). Vimos que pasó un taxi para abajo y lo esperamos a que subiera. Lo esperé en el medio de la calle con el revólver en la mano y le apunté al taxista. Cuando paró, el Richard le sacó $ 2.000 por la ventana.

Los asientos delanteros del taxi muestran los estragos causados por el incendio. Foto: L.Carreño. La segunda fue a la misma hora, y en la misma esquina, con el Richard. Hicimos lo mismo. Con la misma modalidad, yo apunté y mi compañero fue a sacarle la plata. Pero el taxista aceleró y nos quedamos sin nada.
La tercera fue igual y tampoco lo pudimos robar. La cuarta fue a la misma hora, y también se escapó (el taxista). Entonces me abrí del Richard porque él tuvo problemas con las bocas de drogas de la Paty da Rosa. Parece que le había encajado (rapiña) a una de sus bocas. Entonces me dediqué a robar taxis con mi novia Tati.

En una oportunidad (noviembre de 2014, según informó la Policía al juez Gabriel Ohanián) me tomé el 316 en dirección a Pocitos y me bajé en la rambla. Ahí me tomé un taxi de color negro y amarillo y me hice llevar a Punta de Rieles. Cuando llegamos a ese barrio, le pedí que entrara al asentamiento La Chancha.

Entró por la calle Cerdeña y cuando le dije que parara, lo hizo. Ahí me esperaba Tati con un revólver. Me bajé y ella lo encañonó. Le pedimos la plata y el taxista aceleró. Tati disparó el arma y el auto se dio contra una columna unos metros más abajo. Nosotros salimos corriendo para la casa de mi madre y no robamos nada. Al último taxista (Mario Dipolito) le robamos el sábado pasado (en realidad fue en la madrugada del domingo 7).

La cosa empezó al mediodía de ese sábado. Tati hirió de un disparo en el pecho a Camila (una adolescente de la misma cuadra) porque ésta la había querido patotear con su hermana.

Después fuimos a la rambla. Nos tomamos un D8 desde Punta de Rieles a Tres Cruces. Y de ahí nos tomamos otro ómnibus para Pocitos. Nos compramos unas cervezas en una estación que hay por ahí y bajamos por la rambla. También nos fumamos unos "porros" mirando la maratón.

Como a las 23:30 horas, nos tomamos un taxi (conducía Mario Dipolito) a Punta de Rieles. Le pedimos que ingresara por la calle Cerdeña al fondo. Nos bajamos mientras que yo fingía que le iba a pagar. Tati le pega el tiro desde afuera por la ventana.

El arma, una pistola 9 milímetros, la había comprado Tati en Internet y escondido en el fondo de la casa sin que supiera su madre. El hombre (Dipolito) tenía el vidrio bajo. No le pedimos la plata. Lo matamos de una porque en otros casos les pedíamos la plata y aceleraban y se escapaban.

Yo estaba muy borracho. Había consumido como 12 cervezas y "porros". Después del disparo, Tati le revisó los bolsillos al taxista. Bajamos el cuerpo del auto y lo metimos en la cajuela del taxi. Tati se subió al taxi y manejó. Yo iba como acompañante. Fuimos a la casa de la madre de Tati ubicada en la calle Colibrí.

Estacionamos el taxi un poco más adelante. Como la madre y el padrastro estaban en una cantina de Maroñas, nos fuimos. En la casa estaba una hermana de Tati y el Oreja. A la hermana no le dijimos nada que habíamos matado al taxista. Pero al Oreja sí.

Tuvimos que empujar el taxi porque Tati no sabía poner la marcha atrás.

De ahí nos fuimos a una cantina de Maroñas, llamada "El Chancho", donde estaba mi suegra (Alejandra Díaz) y el Pelado, el padrastro de Tati.

En el camino le pedimos a Ale que nos esperara en la esquina. Nos bajamos. Le contamos: "Matamos al taxista y lo tenemos atrás". Nos dijo: "Sáquense eso de encima y quemen el auto". Y fuimos y le prendimos fuego.

Fue ella la que nos dio la idea de quemar el auto. Fuimos a un lugar cerca de la cantina (Juan Victorica y Horacio Areco, en el barrio Siete Manzanas de Maroñas). Agarré un envase de cerveza que había comprado en una estación de servicio de Pocitos. Encontré una manguera detrás de uno de los asientos. Le saqué un poco de nafta. Y lo hicimos ahí mismo.

No había nadie en la vuelta. Después que le prendimos fuego al auto, nos fuimos caminando hasta la cantina de nuevo y tomamos un par de cervezas con el Pelado y Ale. Mi suegra me preguntó qué habíamos hecho con el taxi. Le dijimos que le prendimos fuego. El Pelado no estaba escuchando. Se lo dijimos aparte, porque él se iba a quemar (enojar) con nosotros. Tati y yo contamos la plata. Había unos 4.000 y algo de pesos. Mil tenía en la billetera al lado de la puerta y $ 3.000 en la guantera, en una cosita cuadrada. También le sacamos dos celulares, uno medio berreta y otro táctil.

Y nos pusimos a tomar cerveza con el dinero del taxista. Después volvimos para nuestra casa en otro taxi que nos dejó en Camino Maldonado y Guerra. Ale y el Pelado siguieron de gira (de cantina en cantina). Al otro día, a las 5 de la mañana, nos fuimos caminando por Aparicio Saravia a una casa que compró Ale en Piedras Blancas. Queríamos escondernos.

Las armas las entregamos al Pelado. Estuvimos unas horas y volvimos en ómnibus a Punta de Rieles. Íbamos caminando por Camino Maldonado cuando nos detuvo la Policía.

(Testimonio de Nicolás Gómez, novio de "Tati", en la sede judicial).

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Yo siento un disparo a eso de la una o dos de la madrugada del domingo 8. Bajé la televisión. Sentí gente que hablaba en la calle. Pensé: otra vez lo mismo. Salgo por el patio en la oscuridad y vichoneo.

Vi a un auto en la esquina. Me escondo detrás de unos escombros de una construcción. Veo a un taxi parado. Vi a personas. Eran el Pelado, un vecino que vive en una casa amarilla, de dos plantas. También vi a Luis Miguel G. o a su hermano Nicolás. Vi a Tati, que es más gordita y robusta que su hermana. Yo escuchaba que decían: "¡Vámonos, vámonos!". El taxi estaba con luces prendidas. El motor no se escuchaba. Estoy seguro que quien iba manejando era la muchacha. Salieron hacia Camino Maldonado.

Pasaron frente a mí pero no me vieron. Ellos estaban en un lugar bien iluminado, debajo de un foco. Luego salió detrás de ellos una moto que siguió al taxi como si fuera guardaespaldas. Iba solo una persona.

Después me enteré que habían matado a un taxista. Inmediatamente asocié el hecho. Al otro día supe que otros vecinos vieron lo mismo.

(Testimonio del testigo protegido N° 1)

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Fui a llevar a un amigo que vive en la calle Colibrí (asentamiento La Chancha). Vimos a una persona de sexo masculino que, junto a un taxi gritaba a ver quién tenía huevos para denunciarlo. Eso me llamó la atención. Yo estaba a pocos metros. Al que gritaba, yo lo conozco. Se llama Nicolás Gómez. También vi a una muchacha que estaba sentada dentro de un auto.

Nicolás tenía un arma en la mano. Abrió la valija del auto y mostraba al finado en forma ostentosa porque estaba drogado. Desde donde estábamos se veía el cuerpo de una persona dentro del baúl.

Se veía el cuerpo con las manos levantadas por lo que yo presumo que estaba vivo. Lo que más indignación me causó fue que Nicolás alardeaba que estaba con una persona que se estaba muriendo. En ese momento pasa un muchacho que le dicen Quirri que después fue detenido por la Policía. Nicolás le dio un celular (del taxista).

Quirri vio que en el celular del fallecido había fotos de dos niños pequeños (dos nietos del taxista), se asustó y lo tiró.

(Testimonio del testigo protegido N° 2)

UN CRIMEN QUE CAUSÓ CONMOCIÓN

En la mañana de domingo 7 de diciembre, todo el país quedó conmocionado con la aparición de un taxi incendiado en el asentamiento "Siete Manzanas" (Maroñas) y un cuerpo calcinado en el baúl del vehículo, con un disparo en la nuca. Pruebas forenses confirmaron que el cadáver pertenecía al taxista Mario Dipolito (59), un hombre intachable que estaba a punto de jubilarse. Su muerte generó un paro general en el transporte como protesta por la inseguridad que enfrentan los taxistas a diario. La investigación policial ubicó enseguida la escena del crimen —asentamiento La Chancha de Punta de Rieles— y dio con testigos claves. La Justicia dictaminó que el asesinato fue efectuado por una menor de 14 años conocida como "la Tati" y su novio,

Nicolás Gomez (19). Otros dos adultos, Daniel Alfredo Rival Martínez y Alejandra Elizabeth Díaz Abeiro, madre de la menor homicida, fueron remitidos por encubrir a los homicidas.

TRES PROTAGONISTAS PROCESADOS

La madre
Alejandra Díaz - Encubridora

Alejandra Elizabeth Díaz Abeiro (34 años), tenía 35 asuntos registrados por la Policía por líos con vecinos, hurtos y amenazas. También tenía antecedentes penales. "Era una mujer brava", dijo un testigo a la Justicia. Fue remitida por encubrimiento.

El novio
Nicolás Gómez - Cómplice del crimen

Leandro Nicolás Gómez, de 19 años, cometió cuatro rapiñas a taxistas antes de participar en la muerte de Mario Dipolito junto con su novia Tati. Consumidor de drogas, Nicolás amenazó a vecinos si era delatado a la Policía.

El pelado
Daniel Martínez - padrastro de tati

Daniel Alfredo Rival Martínez, de 38 años, alias "el Pelado", participó en el crimen según la Justicia. La muerte de Dipolito se hizo frente a su casa ubicada en el asentamiento La Chancha. Fue acusado de ladrón de edificios y de traficante por testigos.     Fuente

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