Ejemplos prácticos de la delirante burocracia italiana

Italia es un país en el que la Administración está repleta de bedeles ociosos y los militares han de llevar coche oficial porque el protocolo les impide llevar paraguas

Ejemplos prácticos de la delirante burocracia italiana

El comisario encargado de los recortes del gasto público da un portazo al gobierno Renzi, harto de luchar contra una burocracia y un sistema público fosilizado, lleno de privilegios y derechos adquiridos. En Italia hay 150.000 leyes, frente a 3.500 en Gran Bretaña. La última ley, sobre la reforma laboral, «es la más incomprensible del mundo».

¿Cuál es la ley más absurda de la complicada burocracia italiana? La respuesta la da Carlo Cotarelli, nombrado por el gobierno en el 2013 comisario extraordinario para la Revisión del gasto público: «Al discutir con el ministerio de Defensa la oportunidad de que algunos altos oficiales renunciaran al coche oficial, descubrí que existe un reglamento del ejército de Tierra y de la Marina, pero no en la Aviación, que impide a esos altos militares ir por la calle con paraguas. Al no poderse mojar con la lluvia, deben disponer de coche oficial», explicó el encargado del gobierno Renzi de realizar los recortes del gasto público.

«Bedeles para no hacer nada»


En realidad, la administración pública italiana constituye un muro insuperable, un sistema fosilizado, una jungla inaccesible de privilegios y derechos adquiridos. Mientras en Gran Bretaña hay 3.000 leyes, en esa jungla italiana hay 150.000. A nadie ha extrañado, por tanto, que Carlo Cotarelli, funcionario del Fondo Monetario Internacional, haya renunciado al cargo, harto de las dificultades y zancadillas que le han puesto y regresa a la sede del FMI en Washington. Al diario el «Corriere» cuenta hoy otra anécdota que refleja los increíbles e insuperables meandros de la burocracia italiana: «Muchos bedeles de los ministerios no tienen un trabajo real que desempeñar; se limitan a estar sentados en sus mesas en los pasillos de los ministerios. Pero esos enormes pasillos no pueden ser reducidos, racionalizando los espacios, a causa de la presencia de esos bedeles que están allí en los pasillos para no hacer nada».

«La ley más incomprensible del mundo»


Cotarelli, de 60 años, funcionario experimentado, cuenta con amargura que los jefes de gabinete de los ministerios «no me daban los documentos que les pedía; los jefes de los departamentos legislativos escriben leyes larguísimas, difícilmente legibles».

La última ley, aprobada el pasado miércoles en el Senado, ha sido la referida a la reforma del mercado del trabajo (pomposamente llamada «Jobs act») que a juicio del catedrático de sociología, Luca Ricolfi, es «la ley más incomprensible del mundo». El profesor Ricolfi, experto además en tema laboral, ha señalado: «Si intentan leer ese texto, no entenderán nada». Y como ejemplo, Luca Ricolfi pone estas líneas con los principios que guían la ley: «revisión del ámbito de aplicación de las reglas de funcionamiento de los contratos de solidaridad, con particular referencia al artículo 2 del decreto ley 30 de octubre 1984, n.726, convertido, con modificaciones, de la ley 19 diciembre 1984, n.863…"(el párrafo continúa con otras ocho líneas más en estos términos incomprensibles).

«¿Ustedes han comprendido algo?» se pregunta el profesor Ricolfi, quien se responde de inmediato: «Yo no he entendido nada». Nosotros, tampoco. Y es que en la producción legislativa el barroco jurídico italiano toca cimas enrevesadas y de rara obscuridad. Como su burocracia. Matteo Renzi prometió al inicio de su mandato cambiar en un mes la administración pública y burocracia. Se quedó en eso: una promesa de las mil que ha hecho. La promesa está en el DNA del presidente. Pero su realización tardará en llegar.     Fuente

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