Mis recuerdos del ajusticiamiento de Trujillo




Mi hermana Carmen y yo, recién salidas del internado en La Vega, cursábamos el bachillerato en el Instituto de Señoritas Salomé Ureña, ubicado enla calle Padre Billini, justo al lado de la iglesia de Regina.
Como vivíamos en San Carlos, bajábamos a pies por la calle 16 de Agosto, y al entrar a la calle de El Conde hacíamos una parada en la casa de una familia muy anti-trujillista, amiga de mis padres, una de cuyas hijas se nos unía para seguir hacia el Instituto.
En esa casa nos dieron la noticia: ¡Mataron a Chapita!  Previo a darnos la información, dona Marina nos llevó a una habitación, indicándonos hacer silencio con un dedo en su boca y  nos dijo que con toda certeza sabia que Trujillo había sido asesinado el día anterior, pero que aun no lo habían hecho público y que debíamos volver a nuestra casa inmediatamente, y sin decirle una sola palabra de esto  a nadie  por el camino.
Saltábamos de alegría y nos abrazábamos todos, evitando hacer ruidos porque el terror en que vivíamos no nos permitía celebraciones: estar enterados de eso a esa hora era muy peligroso. Así que volvimos sobre nuestros pasos tratando de ocultar un sentimiento que era una mezcla de alegría, miedo e incertidumbre. ¿Y ahora, qué va a pasar?, me preguntaba en mis ingenuos  quince años.    Lea mas

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