jueves, 22 de mayo de 2014

¡Como me lo contó Pepín Corripio!



Por las calle angostas de la ciudad pequeña, dos hombres en un vehículo público transitaban en medio del terror. Apenas  días, horas antes, el plomo justiciero de los héroes había liquidado al tirano, la figura más temible y todopoderosa del poder político, cuya voluntad omnímoda oprimía a todo un pueblo. El ajusticiamiento constituyó una hazaña, Trujillo no era un hombre común, era  una fuerza desmedida y absoluta, un ejercicio de arbitrariedad y despotismo. Su idea del poder estaba sustanciada por una mentalidad bárbara, que hizo de la violencia un ordenador económico y social de una sociedad a su medida, concebida como un proyecto particular, deificado por la sumisión y el acatamiento de sus veleidades.   Lea mas

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