La química del amor



Por GENARINA FERNANDEZ
En la 157va. Reunión Anual de la Asociación Americana de Psiquiatría, celebrada en el 2004, en la ciudad de Nueva York, asistí a una conferencia cuyo tema llamó mi atención: “Do Sexual Side Effects of Most Antidepressants Jeopardize of Romantic Love and Marriage?”, lo quese traduciría al castellano más o menos así: “¿Perjudican los efectos secundarios de la mayoría de los antidepresivos el amor romántico y el matrimonio?".
Helen Físher, brillante expositora, fue llevando al embelesado auditorio, a través de los recovecos intrincados de la red neuronal, detallando paso por paso, cómo las distintas regiones del cerebro, mediante sus sustancias transmisoras, inducen al hombre a cegarse con la pasión de las primeras etapas del amor, cambiando “el combustible” utilizado por las células nerviosas, y transformando ese intenso fuego de los primeros encuentros, en el compromiso profundo y estable de las relaciones duraderas, que aseguran la crianza de los hijos y por ende la perpetuación de la raza humana.
La conferencista ya mencionada es posiblemente la persona que más ha estudiado este tema. En sus publicaciones hay cuatro libros, entre los cuales “Why we Love; The Nature and Chemistry of Romantic Love” ha alcanzado gran difusión y ha sido traducido a varios idiomas.
En el hombre y otras especies animales estos sistemas de emociones-motivaciones, actúan coordinadamente y como una secuencia, sin embargo, ellos pueden también accionar de forma independiente.
Diferentes estudios han comprobado, por ejemplo, que al administrarse testosterona a hombres y mujeres de edad mediana, para aumentar su deseo sexual, no se traducía necesariamente en un incremento de su amor romántico, ni tampoco los hacía más proclives al amor permanente o al deseo de procrear familia. En este mismo orden de ideas, vemos también cómo varones y hembras movidos solamente por el deseo sexual, pueden tener relaciones carnales sin necesariamente estar enamorados de sus parejas.
Pero, ¿qué es realmente estar enamorado, cuáles son las conductas típicas de este “mágico momento”, cuáles son las sustancias cerebrales responsables de que esto suceda y en qué parte del órgano rector esto ocurre? Veamos.
El amor romántico o nuevo amor, ha sido descrito como algo que no puede considerarse sólo como una emoción, sino como una necesidad tan urgente e imperativa como comer o beber.
Tennov dice, por ejemplo “sabemos que estamos enamorados cuando el ser amado nos parece único, con un significado tan especial, que no cabe en nosotros otro sentimiento romántico o apasionado por ningún otro ser”.
Otros describen esa primera fase como una mezcla entre manía y obsesión, que nos separa del resto del mundo, de familiares y de amigos por igual; e induce en nosotros un comportamiento tan peculiar, que nos hace cometer actos que rayan en la psicosis, como son hablar a objetos inanimados, cantar por las calles o reír y llorar a un tiempo.
La ya citada Dra. Fisher nos dice: “Cuando estamos metidos en las fauces del amor romántico, esa urgencia de amar es más fuerte que el deseo de vivir”. En esa fase , la Dopamina, transmisor cerebral y principal activador del sistema cerebral de recompensa o premio, está muy elevada. Este es uno de los factores que le confieren al objeto amado el carácter de ¨iniquidad¨.
Los niveles elevados de Dopamina desencadenarán eventualmente la producción de testosterona, responsable del aumento del deseo sexual y necesidad de acoplamiento que surge luego del amor romántico.
Como si esto fuera poco, el surgimiento de un nuevo amor provoca una disminución importante de la Serotonina, responsable de la ¨obsesividad¨ de los amantes. ¡Qué pues decir? ¡Que viva la Dopamina!

Fuente: almomento.net
Genarina Fernandez, editorialista

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