De Cesar Medina


FUERA DE CÁMARA
A Hipólito le gusta la ley... si le conviene
César Medina
lobarnechea1@hotmail.com
El expresidente Hipólito Mejía ha prometido fijar posición sobre el tema de Bahía de las Águilas y la alternativa de solución que ha planteado el gobierno de Danilo Medina. Ojalá lo haga pronto.
Porque se supone que comenzará haciendo un mea culpa por su decreto declarando de utilidad pública una tierra que en principio nunca ha dejado de pertenecer al Estado, si es verdad que su profusa titulación fue falsificada por unos funcionarios inescrupulosos cuando se echaba la paloma balaguerista, hace más de 16 años.
La lógica indica que el decreto de utilidad pública del 2002 no hace más que reconocer los títulos que poseen particulares de cientos de miles de hectáreas que van desde el Parque Jaragua y bordean el litoral costero de Cabo Rojo, en Pedernales, hasta llegar a la Plena de Azua.
Son de las más vastas extensiones costeras de la isla, veintenas de kilómetros lineales de playas de arenas blancas y aguas azul celeste, una zona realmente paradisíaca. Su único pecado es que colinda con las áreas protegidas del Parque Jaragua y su delimitación jamás ha estado del todo clara.
Cuando llegó al poder por primera vez en 1996, Leonel Fernández halló un embrollo “del gordo del sable” con esos terrenos, porque en las últimas semanas del balaguerismo se hizo un rejuego legal para pasar la propiedad de esas tierras al Instituto Agrario y distribuirlas entre “parceleros” de la Reforma Agraria.
El caso fue llevado a la Justicia y el último director del IAD del balaguerismo, Jaime Rodríguez, terminó en Najayo y los terrenos recuperados por el Estado.
Y mientras la Justicia trataba de desenredar el lío, vino el decreto de Mejía que de forma implícita reconoció los títulos cuestionados y retrotrajo el caso a sus inicios. Porque la lógica más elemental indica que solo una propiedad privada puede ser declarada de utilidad pública...
Sacando punta...
Hipólito Mejía dio unas declaraciones el pasado martes adelantando que el decreto que emitió en 2002 declarando los terrenos de Bahía de las Águilas de utilidad pública, buscaba esclarecer el estado legal de esos predios... Pero en ese momento el caso llevaba ya seis años en los tribunales judiciales.
Lo que realmente se propuso el decreto fue reconocer la titularidad de esas tierras. Incluso, algunos “propietarios” iniciaron en esa época sus reclamaciones de compensación económica... Y otros revendieron sus títulos ya legalizados por el decreto de expropiación.
A nivel judicial, el decreto presidencial estableció una situación inmanejable por cuanto dejó sin argumentos al abogado del Estado que se había constituido en parte civil con poder otorgado en el gobierno precedente encabezado por Leonel Fernández.
A partir de ese momento, incluso, aparecieron “propietarios” de amplias franjas playeras de Bahía de las Águilas que habían permanecido en el anonimato desde que se destapó el escándalo a principios de 1997.
El entonces director del IAD y actual senador de Peravia, Wilton Guerrero, tiene documentación abundante sobre las colindancias políticas y hasta familiares de algunos de los “propietarios” de Bahía de las Águilas, cuyos títulos fueron validados por el decreto de expropiación de Hipólito Mejía.
Es decir, el decreto de Mejía no fue tan inocente como aparenta. Por cuanto creó una situación irregular que dio fuerza legal a unos “propietarios” que en algunos casos hasta ignoraban que eran “dueños” de una riqueza incuantificable.
Solución definitiva
La solución que ha planteado el gobierno en Bahía de las Águilas no es la más ortodoxa. Y es probable que el presidente Medina haya tenido que cubrirse la nariz para apurar un trago que quizás le sabe a retama.
Pero es una solución práctica que permitirá acometer el proyecto de desarrollo turístico de mayor trascendencia desde que Frank Rainieri proyecto a Punta Cana y a todo el litoral Este, hace casi medio siglo.
Nadie duda que el Sur no aguanta más miseria. Mientras el resto de la República ha tenido un desarrollo relativo, esa región del país ha quedado a la zaga y retrocedido en la medida en que la zona rural se fue despoblando y la agricultura apenas alcanza para la subsistencia.
Esta vez el asunto parece que va en serio. Tal vez porque desde Trujillo no teníamos un presidente sureño...
¡Y de San Juan, nunca!

Fuente: Fuera de Camara, para Listin Diario

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